Hijos para siempre

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Juan 1:12-13

Tú eres un hijo de Dios; este es un derecho otorgado por Dios. Cuando vi (Dave) a mi primer hijo venir al mundo, decidí ponerle mi nombre, primero y último. No solamente que el pequeño Dave lleva mi nombre sino que mi sangre corre por sus venas. ¿Hay algo que el pequeño Dave pueda hacer para cambiar esa relación de sangre conmigo, su padre? ¿Y si se escapa de casa y se cambia el nombre? ¿Y si me repudia? ¿Seguiría siendo mi hijo? ¡Por supuesto!

Estamos emparentados por sangre y no hay nada que pueda cambiar ese hecho.

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¿Dónde estoy?

Señor, ¿dónde me encuentro? Miro a mí alrededor y descubro que lo que me rodea es falso, las personas se ven muertas en vida, el odio y el rencor se les ve en sus rostros. Están muriendo, sin remedio; la sangre corre por las calles, se arrastran como perros sin dueño, no hay quien los salve, y sigue, y sigue continuamente. Maldicen, blasfeman, los hijos golpean a sus padres, las madres odian a sus hijos, no hay respeto por nada ni por nadie. Las tiendas son saqueadas y la gente huye, corren no hay escapatoria. Hay llanto, dolor, no ríen, solo lamento.

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Justificados, pues, por la fe

"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."
Romanos 5:1

La escuela de la pequeña zona rural donde me crié (Neil) dejaba salir a los alumnos temprano los martes en la tarde para instrucción religiosa. Algunos de nosotros íbamos a la iglesia de nuestra elección para recibir una hora de estudio bíblico; los que elegían no ir a la iglesia se quedaban estudiando en la escuela. Un martes en la tarde, un amigo y yo decidimos escaparnos de la escuela y de la iglesia y nos fuimos a jugar.

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Bendeciré a Jehová en todo tiempo

"Su alabanza estará de continuo en mi boca"; Salmo 34:1

¡Qué fácil es alabar a Dios cuando todo va bien! Cuando todo marcha sin problemas es cuando mejor podemos acercarnos al trono de la gracia. Pero... ¿todo el tiempo estás sin problemas? La Biblia nos dice que debemos alabar a Dios en todo tiempo.

No quiero decir que andes por la calle con un rótulo, diciendo que no tienes problemas. Todos tenemos problemas.

La diferencia de nosotros los cristianos es cómo los atravesamos. Los problemas se atraviesan con alabanza. Esto no es una súper fe, ni un resuelve mágico de problemas. El problema es real, está ahí y lo tienes que enfrentar, con alabanza.

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Ámame como eres

Recuerda, Yo soy tu Dios. Tu Señor. Tu Salvador. Tu Maestro. Tu Hermano.

Tu Amigo, si crees en mí, vivo siempre contigo y te amo. Ámame como tú eres. Lo demás déjamelo a mí.

Conozco tu miseria, la aflicción y la tribulación de tu alma, la debilidad y la enfermedad de tu cuerpo; lo mismo tu vileza y tus pecados, a pesar de todo, Yo te digo: "Dame tu Corazón, ámame como eres". Si te esperas a ser ángel para abandonarte al amor, no amarás jamás. Aunque seas débil en la práctica del deber y de la virtud y caigas nuevamente en aquellos pecados que no quisieras volver a cometer, no te permito que no me ames. Ámame como eres.

En todo instante, en cualquier situación en que te encuentres, en el fervor o en la tibieza, en la fidelidad o en la infidelidad, ámame como eres.

Quiero el amor de tu pobre corazón, si esperas a ser perfecto no me amarás jamás.

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